La Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) anunció que se reducirá la superficie de siembra de soya en la próxima campaña de verano debido a la caída del precio internacional del grano, lo que afectará negativamente los ingresos en dólares por exportaciones. Jaime Hernández, gerente general de Anapo, explicó que la sobreproducción en Estados Unidos ha provocado un descenso en el valor de la tonelada de soya, que ahora cotiza en torno a los 350 dólares, muy por debajo de su máximo de 650 dólares.
«La caída drástica a nivel internacional es un golpe duro para los productores soyeros en Bolivia, quienes no pueden competir con países vecinos que utilizan semillas transgénicas con mayores rendimientos», señaló Hernández. Esta situación podría llevar a una reducción significativa en la siembra de soya, que inicialmente se había proyectado en 1.200 hectáreas para la próxima campaña.
El representante del sector agrícola subrayó que la disminución en la producción no solo afectará a los agricultores, sino también a la economía del país, que depende en gran medida de las exportaciones de soya para obtener divisas, especialmente ante la reducción de ingresos por la venta de gas. «Hoy por hoy, vamos a tener que sopesar esta situación. Si se mantiene, el área de siembra de soya puede disminuirse, lo que reducirá la producción y, en consecuencia, los excedentes para exportación», afirmó.
Hernández también recordó que Anapo ya había advertido al Gobierno sobre la necesidad de autorizar el uso de semillas transgénicas para mejorar la competitividad de los productores bolivianos. «Hace tiempo preveíamos que esta situación se podría dar. Por eso pedimos al Gobierno que viabilice la aprobación de nuevos eventos de biotecnología en soya para que los productores puedan mejorar su productividad y soportar estas caídas de precios», explicó.
La diferencia en productividad entre Bolivia y sus vecinos es considerable. Hernández destacó que los productores de Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina están mejor preparados para enfrentar la baja en los precios gracias al uso de biotecnología avanzada, mientras que los agricultores bolivianos, con técnicas tradicionales, tienen menor capacidad para resistir el impacto.
Finalmente, Hernández hizo un llamado urgente al Gobierno para que tome medidas que permitan al sector agrícola boliviano adaptarse a los desafíos del mercado internacional. «Sin la adopción de tecnologías que aumenten la productividad, la soya boliviana corre el riesgo de perder competitividad, lo que tendrá repercusiones graves en la economía del país», concluyó.





