En medio de una ola de quejas por demoras, reprogramaciones y caos operativo, la dirección de Boliviana de Aviación (BoA) salió a dar explicaciones. El gerente general, Juan José Galvarro, aseguró que la aerolínea estatal atraviesa un momento complejo, pero negó categóricamente cualquier intento de privatización. “La línea del Presidente y del Ministro es clara: BoA no se privatiza”, afirmó en una carta difundida por la compañía.
Galvarro insistió en que el compromiso institucional es fortalecer la empresa. “Nuestro objetivo es modernizarla y recuperar la confianza de todos nuestros pasajeros”, señaló, respondiendo así a las crecientes sospechas de un deterioro deliberado de la aerolínea.
El gerente detalló que los retrasos tienen una causa concreta: solo 10 de las 20 aeronaves están operativas, cuando el itinerario requiere un mínimo de 13 para funcionar sin sobresaltos. Esta reducción de flota habría generado cuellos de botella en todas las rutas nacionales.
“Estamos tomando medidas inmediatas para estabilizar la operación y mejorar la programación de los vuelos”, aseguró, reconociendo el impacto negativo en miles de pasajeros afectados durante los últimos días.
Galvarro también se refirió al malestar de los usuarios, quienes reportaron largas esperas y cambios inesperados de itinerario. “Agradecemos la paciencia de nuestros pasajeros”, dijo, comprometiéndose a mejorar la atención mientras se normaliza la flota.
El ejecutivo anticipó que la aerolínea espera resultados visibles en el corto plazo, tanto en la puntualidad como en la calidad del servicio. “Las mejoras serán evidentes pronto”, prometió, aunque sin precisar fechas exactas para la solución total.
Mientras tanto, persisten las dudas de sectores que denuncian una crisis provocada por mala gestión o conflictos internos. El mensaje oficial apunta a disipar estas versiones, pero la prueba final será la capacidad de BoA para volver a operar con regularidad y recuperar la confianza del país.





