Una nueva sombra se cierne sobre el escenario político boliviano. Juan Ramón Quintana, exministro de la Presidencia y hombre fuerte del régimen de Evo Morales, estaría detrás de una estrategia encubierta que busca usar el balotaje de octubre como puerta de entrada para el retorno del evismo al poder. El plan, según fuentes del Movimiento al Socialismo (MAS), apunta a convertir a Edman Lara en Presidente del Estado, desplazando a Rodrigo Paz Pereira mediante una operación político-militar.
El propio Evo Morales encendió las alarmas al declarar: “No es que Rodrigo Paz ha ganado, yo diría que ha ganado el capitán Lara”. Estas palabras, pronunciadas apenas horas después de confirmarse el triunfo del PDC, fueron interpretadas como el inicio de una ofensiva interna para capitalizar el éxito electoral de Paz y convertirlo en un instrumento del evismo.
Según reveló el portal Sol de Pando, en el seno del MAS se está gestando una consigna de voto masivo por el PDC en la segunda vuelta del 19 de octubre. El objetivo sería claro: impulsar a Edman Lara desde la Vicepresidencia hasta el mando del país, defenestrando a Paz Pereira mediante un “golpe técnico” posterior al balotaje.
Las fuentes consultadas aseguran que Quintana es el ideólogo de esta maniobra, inspirada —dicen— en métodos estalinistas de infiltración y control político. Lara, un ex policía con vínculos históricos con Quintana durante el gobierno de Evo Morales, habría sido seducido por promesas de llegar a la Presidencia con apoyo militar y policial. “Le ofrecieron el poder como pago por los votos del evismo”, sostiene una fuente interna del MAS.
El complot prevé, según los informes, un quiebre en el Gabinete ministerial tras la eventual victoria de Paz-Lara. Evo Morales exigiría cuotas de poder a través del vicepresidente, lo que desataría una crisis institucional que derivaría en la “inmolación política” de Rodrigo Paz. Quintana y Morales apostarían entonces por un retorno encubierto al poder, con Lara como figura decorativa.
Sin embargo, múltiples analistas advierten que Rodrigo Paz logró su ascenso electoral por mérito propio. Su desempeño en el primer debate presidencial del 2 de agosto lo catapultó del quinto al primer lugar. “Fue el candidato más preparado, el más sereno y con propuestas concretas”, destacó el analista político Leonardo Roca, quien reveló que encuestas internas ya anticipaban la victoria del demócrata cristiano.
El dilema que enfrenta ahora Paz es ético e histórico. Si acepta ser parte de una fórmula condicionada por el evismo, podría poner en riesgo su credibilidad y su futuro político. Si, en cambio, decide marcar distancia, podría consolidarse como una figura independiente capaz de reconstruir el país desde valores democráticos.
“El país necesita un gesto de coraje moral”, expresó un analista cercano al entorno paceño. “Rodrigo Paz no debe permitir que un ex policía con ambiciones personales sea Vicepresidente de Bolivia. Si resiste la presión, su liderazgo podría consolidarse para el 2030”.
Así, mientras la atención pública se centra en los comicios de octubre, una batalla silenciosa se libra en las sombras del poder, donde antiguos estrategas del evismo intentan reciclar su influencia bajo nuevas máscaras. El desenlace podría marcar el rumbo político de Bolivia por la próxima década.





