El presidente Rodrigo Paz intentó este lunes moderar las expectativas sobre su propuesta del 50-50, el planteamiento que busca dividir en partes iguales los recursos entre el nivel central y las regiones. Desde Cotoca, reconoció que el proyecto no podrá aplicarse de inmediato debido al déficit y la debilidad económica que atraviesa el país. “¿Qué vamos a repartir si no hay nada que repartir?”, lanzó, marcando distancia de su propio anuncio inicial.
La declaración surge horas después de que el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, señalara que la medida debía ser analizada con mayor realismo. Paz respondió afirmando que la redistribución solo será viable “cuando la economía comience a levantarse”, y reiteró que el Gobierno debe primero “ordenar la casa”. “El 50-50 se aplicará de forma gradual, conforme vaya madurando el proyecto de estabilización económica”, sostuvo.
El mandatario insistió en que el país aún se encuentra en un proceso de recuperación lenta, por lo que la discusión de fondo sobre la redistribución “recién comenzará el próximo año”. Según Paz, el Estado centralista “no puede hacer todo a la vez” y requiere consolidar primero ingresos, inversión y recaudación antes de abrir un nuevo esquema fiscal.
A pesar de las dudas internas, Paz defendió que su administración está enviando “señales claras” en materia impositiva y regulatoria. Destacó la reducción del riesgo país, que —según él— descendió en las últimas semanas. “Hoy estamos un poco más de 700 puntos, cuando antes estábamos cerca de 1.200”, afirmó, asegurando que la tendencia demuestra que Bolivia está recuperando confianza.
El Presidente pidió paciencia a la ciudadanía y a los gobiernos subnacionales, que ven en el 50-50 una oportunidad para oxigenar sus presupuestos. Según argumentó, cualquier redistribución sin respaldo económico “solo agravaría la crisis”.
Pese al tono moderado, Paz aseguró que el Ejecutivo prepara nuevos anuncios sobre el rumbo económico nacional. “Hay que estabilizar la economía y estabilizar el país para dar un salto a la producción y al desarrollo”, manifestó.
La declaración dejó un mensaje claro: el 50-50 sigue siendo una promesa, pero no una realidad inmediata. Mientras tanto, regiones y sectores sociales aguardan señales concretas de un Gobierno que intenta equilibrar expectativas con la dura matemática fiscal del país.




