La crisis en Boliviana de Aviación (BoA) vuelve a encender alarmas tras el cambio de gerencia. Con reclamos crecientes por vuelos demorados, tarifas elevadas y desorden operativo, comienzan a surgir sospechas sobre un posible intento de deteriorar la aerolínea estatal para justificar su privatización. “Quieren hacer creer que BoA está en quiebra para venderla al mejor postor”, afirmó el experto aeronáutico Omar Durán.
Las declaraciones del especialista llegan en medio de tensiones internas luego de que el exgerente Mario Borda asegurara que la compañía no solo operaba con normalidad, sino que no estaba en quiebra, contradiciendo la narrativa impulsada desde algunos sectores de la nueva administración. Bajo su gestión, recordó, se cumplían los servicios sin mayores sobresaltos.
Durán sostiene que BoA es una empresa con una rentabilidad considerable. “La aviación tiene una rentabilidad muy alta, más en Bolivia porque tiene precios muy generosos”, explicó, señalando que no existe razón técnica ni financiera que justifique un colapso operativo repentino.
El experto afirma que detrás de la crisis hay una estrategia clara. “Quieren hacer quebrar la empresa para que se venda a palos blancos y le engañen al presidente Rodrigo Paz”, advirtió. Según su versión, el objetivo sería convencer al mandatario de que BoA fue entregada en decadencia por el anterior gobierno para legitimar su venta.
La preocupación se intensifica con la designación de Juan José Galvarro Requena como nuevo gerente de BoA, nombrado por el gobierno de Paz. Durán cuestiona abiertamente su perfil profesional. “He investigado al gerente de BoA y no ha trabajado en una aerolínea en el área de operaciones”, aseguró, agregando que la administración aeronáutica requiere conocimientos altamente especializados.
Aunque Galvarro es piloto, Durán afirma que ello no lo califica para dirigir la compleja estructura de una aerolínea nacional. “Puede ser muy buen piloto, pero muy malo para el área operativa”, sentenció.
La incertidumbre crece también entre pasajeros, quienes denuncian constantes retrasos y un incremento en los precios de los boletos, un deterioro que coincide con el cambio de mando. Estas señales alimentan la percepción de un sabotaje interno o de una mala gestión deliberada.
Mientras los cuestionamientos se profundizan, el gobierno aún no ha dado una respuesta clara sobre las acusaciones. Lo cierto es que BoA, emblema del transporte aéreo boliviano, enfrenta una tormenta que ahora va más allá de lo operativo y se adentra en el terreno político y estratégico.




