Este domingo, pasado el mediodía, la diputada Diana Romero —esposa del vicepresidente Edmand Lara— fue dada de alta en la clínica de Santa Cruz de la Sierra, donde había ingresado el 27 de noviembre por un dolor de cabeza persistente e incapacitante. La evolución clínica permitió su salida en observación ambulatoria.
El médico tratante, Carlos Huanca (INCOR), informó que la paciente presenta una mejoría notable: la cefalea disminuyó progresivamente y Romero se encuentra lúcida, consciente y con movilidad en las extremidades. “Jamás estuvo en terapia intensiva, ella estuvo en cuidados intermedios”, aclaró el facultativo para despejar versiones previas.
La versión que circuló el viernes sobre una supuesta internación en UTI fue desmentida por el equipo médico, que confirmó que Romero ingresó al servicio de emergencia con un “dolor de cabeza muy importante” pero fue estabilizada en sala de cuidados intermedios y posteriormente en sala común.
Durante su internación se conformó una junta médica de neurólogos y neurocirujanos para estudiar el cuadro clínico y definir los pasos a seguir. El diagnóstico inicial y los exámenes apuntan a la necesidad de una resonancia magnética, prevista para la próxima semana, tras la cual se decidirá sobre eventuales traslados o tratamientos complementarios.
La ministra de Salud, presente en la clínica en representación del presidente Rodrigo Paz, pidió a los medios y a la ciudadanía respeto y prudencia para facilitar la recuperación de la legisladora. “Puede recibir visitas, pero no para incomodarla o preocuparla”, recomendó, sugiriendo gestos de calma como llevar flores para transmitir tranquilidad.
Aunque la alta médica abre un respiro, los especialistas mantienen un seguimiento estricto y no han definido una fecha para controles posteriores. La posibilidad de un traslado a Brasil quedó supeditada a los resultados de la resonancia y a las recomendaciones de la junta médica.
La aclaración sobre la inexistencia de una internación en UTI y la confirmación de la mejora de Romero buscan poner fin a la confusión mediática que rodeó el caso y devolver centralidad al tratamiento clínico: primero la salud, después la política, concluyeron los médicos.





