Una jornada que debía ser de unidad y esperanza para el país terminó convertida en símbolo de controversia. El 8 de noviembre quedará grabado en la memoria política de Bolivia no solo como el inicio de un nuevo gobierno, sino como el día en que la frontera entre el poder y la prensa pareció desvanecerse.
Durante los preparativos de su posesión, el vicepresidente Edman Lara protagonizó un hecho que ha sido calificado como “ético y legalmente reprochable”, tras aceptar una sugerencia mediática que lo llevó a infringir normas de protocolo y principios institucionales. Lo que en principio parecía una entrevista común, derivó en un intercambio que dejó al descubierto la fragilidad de la ética en el ejercicio del poder.
Según testimonios y registros públicos, Lara había rechazado inicialmente la idea de usar uniforme policial durante su juramento, señalando que sería “un acto contrario a la ley”. Sin embargo, poco después, tras una conversación cargada de halagos y complacencias con un periodista de reconocida trayectoria, cambió de postura, desatando un debate nacional sobre la independencia de los medios y la integridad de los líderes públicos.
“El vicepresidente comenzó su gestión con un gesto simbólicamente grave”, comentó el analista político René Salazar. “No se trata solo de un uniforme, sino del mensaje que envía: la validación de la adulación por encima de la ley y la institucionalidad”.
La polémica tomó mayor fuerza al recordarse los antecedentes del comunicador involucrado, quien en el pasado mantuvo una relación cercana con otros líderes políticos, recibiendo críticas por su parcialidad. En redes sociales, ciudadanos y periodistas coincidieron en que el episodio expuso “el rostro más oscuro del periodismo servil”.
“Lo preocupante —añadió Salazar— es que la prensa, que debería fiscalizar el poder, se haya convertido en su cómplice emocional. Ese tipo de comunicación aduladora erosiona la democracia tanto como la corrupción misma”.
El caso abrió una discusión más amplia sobre el papel del periodismo en Bolivia. Diversas voces del gremio recordaron que la función esencial del periodista no es agradar, sino informar con independencia, rigor y verdad. La Federación de Trabajadores de la Prensa expresó su rechazo a cualquier práctica que “vulnere la ética profesional y promueva el servilismo mediático”.
Hoy, a pocos días de la posesión, la imagen del nuevo gobierno carga con una sombra innecesaria, nacida no de una decisión política, sino de un gesto simbólico y de una peligrosa relación entre poder y complacencia.
“La dignidad del periodismo no puede venderse ni comprarse”, expresó una comunicadora en La Paz. “Porque cuando la verdad se arrodilla ante el poder, el país entero pierde su voz”.





