El mundo contiene la respiración. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una advertencia extrema contra Irán al asegurar que “toda una civilización morirá esta noche” si el país no cumple con las exigencias impuestas por Washington.
El mensaje, publicado en su red Truth Social, no ofreció detalles concretos sobre la acción inminente, pero dejó claro el tono del ultimátum. “No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá”, escribió, elevando la incertidumbre sobre un posible ataque de gran escala.
La amenaza no es aislada. En días previos, Trump ya había anticipado que las fuerzas estadounidenses podrían destruir infraestructura estratégica iraní, incluyendo puentes y centrales eléctricas, con el objetivo de llevar al país a la “edad de piedra”.
Sin embargo, el mandatario también dejó una puerta abierta a una salida diplomática. “Quizá pueda ocurrir algo revolucionariamente maravilloso… lo descubriremos esta noche”, señaló, insinuando la posibilidad de un acuerdo de último momento si Irán cede.
El plazo es crítico. Washington fijó la medianoche GMT como límite para que Teherán levante el cierre del estrecho de Ormuz, una vía marítima clave por donde transita gran parte del petróleo mundial. Su bloqueo ha encendido alarmas económicas y geopolíticas a nivel global.
Trump calificó este momento como histórico. “47 años de extorsión, corrupción y muerte llegarán a su fin”, afirmó, en referencia al régimen iraní, al tiempo que expresó su respaldo al pueblo del país persa.
Desde Teherán, la respuesta ha sido firme. Autoridades iraníes rechazaron el ultimátum y reiteraron que no aceptarán presiones externas, exigiendo en cambio el cese total de los ataques en lugar de acuerdos parciales o temporales.
En paralelo, la escalada militar continúa. Bombardeos de Estados Unidos e Israel se han intensificado desde finales de febrero, alcanzando incluso instalaciones clave como la terminal petrolera de la isla de Kharg. Analistas internacionales advierten que un ataque a gran escala contra infraestructura civil podría constituir un crimen de guerra, lo que agrava aún más un escenario que ya se perfila como uno de los más peligrosos de la historia reciente.





