Durante una década de altos precios de las materias primas, Bolivia se convirtió en un importante exportador de gas natural y experimentó una bonanza económica. Sin embargo, el país ahora enfrenta desafíos económicos debido a una gestión cuestionable y un descuido en su principal industria, la cual pasó de ser exportadora a importadora de hidrocarburos en 2022, según el Instituto Nacional de Estadística.
Bajo el gobierno de Evo Morales, quien llegó al poder en 2006 como el primer ‘presidente indígena’, se nacionalizó la industria de hidrocarburos y se utilizaron los ingresos para reducir la pobreza, ampliar la clase media y mejorar la infraestructura. Sin embargo, detractores del gobierno argumentan que esta bonanza estuvo acompañada de derroche y corrupción.
El fin del auge de los precios de las materias primas en 2014 llevó a Bolivia a consumir sus ahorros, una situación que empeoró con la pandemia y dejó al país con escasas reservas. Según Gonzalo Chávez, economista de la Universidad Católica de Bolivia, «los ingresos de las exportaciones cayeron significativamente a partir de 2014 y 2015, lo que provocó una reducción total de las exportaciones a 8.700 millones de dólares».
Durante el gobierno de Evo Morales, se utilizaron alrededor de 8.600 millones de dólares de las reservas internacionales, y los gobiernos posteriores de Jeanine Añez y Luis Arce utilizaron otros 3.000 millones de dólares, según el experto. Hasta finales de 2022, se estima que se gastaron alrededor de 11.000 millones de dólares, dejando las reservas en torno a los 3.000 millones de dólares en febrero de 2023.
Esta situación ha generado un impacto inmediato en la economía boliviana, con una caída en las expectativas internacionales y la aparición de un mercado paralelo de divisas. La escasez de dólares ha llevado a retrasos y mayores costos en las importaciones, revelando problemas fiscales y una reducción en el tamaño del sector exportador de hidrocarburos, según el profesor de economía.
A pesar de estas dificultades, el Gobierno se muestra optimista sobre la posibilidad de compensar parte del déficit a través del crecimiento en la minería del oro. Sin embargo, este sector aporta pocos ingresos al Estado, con solo 75 millones de dólares provenientes de un total de 3.000 millones de dólares en exportaciones de oro el año pasado.
Bolivia se encuentra en una situación económica desafiante y requerirá ajustes significativos en la gestión fiscal y una diversificación de su economía para superar la dependencia de las materias primas. Es fundamental implementar medidas urgentes que revitalicen la economía del país y sienten las bases de un crecimiento sostenible y equitativo a largo plazo.





