Pedro Castillo juró el miércoles como el nuevo presidente de Perú. Es el primer mandatario de origen campesino en 200 años de independencia y asume el cargo en un momento en que el país sigue azotado por el nuevo coronavirus y luego de semanas de tensión política por acusaciones de su rival de un fraude electoral que no se comprobó.
Castillo, de 51 años, se comprometió “por Dios, por mi familia, por mis hermanas y hermanos campesinos, docentes, ronderos, niños, jóvenes y mujeres y por una nueva Constitución”. Luego cantó el himno del Perú y se sacó el sombrero, que colocó a la altura del corazón.
El triunfo de Castillo es un giro a la izquierda tras 30 años de gobiernos amigos del libre mercado y es recibido con desconfianza por los inversionistas y dudas de algunos analistas sobre el rumbo que llevará su nuevo gobierno.
“No tenemos claras sus principales líneas de política”, dijo Claudia Navas, analista de la firma global Control Risk. “Prevemos que, debido a la situación política del país, Castillo deba mantener una posición mucho más pragmática de lo que él ha anunciado durante la campaña”.





