En la contienda presidencial venezolana, el chavismo ha adoptado el término «pataruco» como bandera de campaña, refiriéndose despectivamente a los candidatos opositores. Según la Real Academia Española, «pataruco» describe a un gallo de pelea de raza impura o una persona cobarde, y se usa de manera despectiva y coloquial.
El presidente Nicolás Maduro, que busca la reelección, se autodenomina el “gallo fino” y usa el término «pataruco» para desacreditar a sus adversarios. «Soy el único candidato presidencial entre los 10 que hay, soy el gallo fino entre los nueve ‘patarucos’, el único que tiene experiencia, el apoyo del pueblo, de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y un programa de país», proclamó Maduro en un acto en Nueva Esparta, reiterando esta idea en múltiples apariciones públicas.
A pesar de los esfuerzos de Maduro por posicionarse como la única opción viable, la realidad muestra un panorama diferente. Multitudinarios actos de la oposición, encabezados por líderes como María Corina Machado, inhabilitada para ejercer cargos públicos hasta 2036, y Edmundo González Urrutia, candidato de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), demuestran el creciente apoyo popular. La agencia EFE corroboró la presencia y fuerza de la oposición en estados como Zulia, Aragua, Carabobo y el Distrito Capital.
La estrategia del chavismo basada en insultos no ha logrado provocar a la mayoría de los contrincantes. Muchos de ellos continúan su campaña con diplomacia y ironía, ignorando los descalificativos y enfocándose en sus propuestas. Esta actitud ha resonado con una ciudadanía cansada de los exabruptos y provocaciones constantes, quienes expresan su apoyo en redes sociales y eventos opositores.
No obstante, algunos opositores han respondido al juego de insultos de Maduro. Antonio Ecarri, candidato de la Alianza Lápiz, se autodenomina el verdadero “gallo fino” y califica a Maduro como «correlón», un término usado para describir a un gallo de pelea que finge huir para luego atacar. Ecarri acusa a Maduro de evitar debates con sus oponentes y llama a un enfrentamiento directo para demostrar quién es quién en la contienda electoral.
El resto de los candidatos opositores, etiquetados como «patarucos» por Maduro, siguen su campaña de manera más convencional, centrados en propuestas políticas y promesas electorales. Aunque algunas de estas promesas pueden parecer poco realistas, buscan ofrecer una alternativa al actual gobierno.
Así, Venezuela avanza hacia las elecciones del 28 de julio, con un panorama lleno de incertidumbres y una certeza: el próximo presidente de Miraflores será un gallo en un juego donde los gallos dominan la escena política.





