El vicepresidente Edman Lara volvió a encender el debate político al posesionar a nuevos diputados supraestatales, a pesar de que durante la campaña electoral había prometido eliminarlos por considerarlos un gasto innecesario para el país. La decisión provocó una inmediata ola de críticas y señalamientos de demagogia en redes sociales.
Desde su llegada al poder, Lara había insistido en que estos cargos debían desaparecer por su “escasa o nula utilidad”. Sin embargo, este lunes, en un acto oficial en la Vicepresidencia del Estado, juramentó a los nuevos representantes ante organismos parlamentarios internacionales. El contraste entre sus palabras pasadas y sus acciones presentes no pasó desapercibido.
“Es increíble que nos tome por idiotas”, escribió un ciudadano en Facebook, reflejando el tono generalizado de molestia que inundó las plataformas digitales. Otros usuarios lo acusaron directamente de “engañar al pueblo” y “hacer campaña con promesas vacías”.
Durante su discurso, Lara reconoció públicamente la contradicción. “Una de las propuestas de nosotros fue eliminar, y particularmente mía, eliminar a los parlamentarios supraestatales, porque definitivamente los anteriores se dedicaron a estar de turistas y no hicieron prácticamente nada por Bolivia”, admitió. Sus palabras, lejos de calmar los ánimos, sirvieron para reforzar el malestar ciudadano.
A pesar de sus críticas históricas, pidió a los nuevos posesionados que marquen una diferencia. Instó a los representantes supraestatales a trabajar con compromiso y responsabilidad para demostrar que estos cargos “pueden aportar al país si se los asume con seriedad”.
El acto se desarrolló en un ambiente tenso, con observadores políticos señalando que la decisión de Lara podría afectar su credibilidad en los primeros meses de gestión. “No puedes prometer eliminar un cargo y luego celebrarlo con honores”, comentaba un analista en medios locales.
Mientras tanto, en redes sociales la indignación continúa creciendo, con cientos de usuarios exigiendo explicaciones más claras y acciones coherentes con el discurso de campaña. Para muchos, el episodio se convierte en el primer gran choque entre las promesas de renovación y la realidad del poder.
Con este episodio, Lara enfrenta su primera prueba de coherencia pública, una que, según diversos analistas, podría marcar el tono de su relación con la ciudadanía durante los próximos años.





