El municipio de Mecapaca, ubicado a 28 kilómetros río abajo de la ciudad de La Paz, enfrenta una crisis debido a la expansión urbana y los eventos climáticos extremos. Estos factores han reducido la superficie de cultivos y su capacidad productiva, lo que impacta directamente en la seguridad alimentaria de la región.

«Hay más vecinos porque de la ciudad [de La Paz] han bajado, los comunarios también han vendido sus terrenos», comenta María Paucara, una agricultora de 64 años de la comunidad Carreras. «Somos pocos los que mantenemos nuestras chacras. Lo que era de mi mamá se quedó conmigo; ahí produzco flores y verduras», añade mientras describe la pérdida gradual de tierras agrícolas en la zona.
Los eventos climáticos como las riadas y heladas son inevitables y devastadores. Las comunidades de Palca y Mecapaca sufren desbordes de ríos que arrasan cultivos y viviendas, mientras que las heladas pueden acabar con toda la producción agrícola. Además, la contaminación del agua en la cuenca de La Paz, donde se han encontrado metales pesados y residuos orgánicos, agrava la situación para los agricultores locales.
Virginia Amaru, otra productora de la comunidad Huayhuasi, expresa su frustración ante la destrucción de sus cultivos por las fuertes lluvias: «Lo que era cultivo ahora es solo piedra», lamenta. A pesar de los desafíos, los precios de sus productos, como el choclo, se mantienen estables, lo que dificulta aún más la subsistencia de los agricultores.
La expansión urbana también es motivo de preocupación. Jorge Antonio Sainz, arquitecto y especialista en desarrollo urbano, señala que la falta de planificación ha permitido que las inmobiliarias ocupen los mejores terrenos productivos para construir condominios cerrados. «La frontera agrícola va desapareciendo, se va yendo cada vez más lejos», advierte Sainz.
El municipio de Mecapaca, que alguna vez fue conocido por su producción agrícola, ha visto cómo el espacio productivo se reduce drásticamente. Diego Céspedes, director del Departamento Técnico del Gobierno Autónomo Municipal de Mecapaca, reconoce que la población ha crecido significativamente en la última década, lo que ha impulsado la urbanización en detrimento de la agricultura. «Antes manejábamos parcelas agrícolas más grandes; ahora solo el 20% es productivo y el 80% está siendo urbanizado», precisa Céspedes.
Además, las riadas han causado grandes pérdidas en tierras de cultivo, y la contaminación del río afecta a los productores. «Estamos implementando una planta de tratamiento de aguas residuales para mitigar este problema», comenta Céspedes, quien también señala la necesidad de equilibrar el crecimiento poblacional con la protección de la producción agrícola.
El ex director del Retén de Emergencias del municipio de La Paz, Freddy Miranda, critica la gestión actual por no haber tomado las precauciones necesarias para controlar los desbordes de ríos durante las lluvias intensas. «No funcionó la alerta temprana porque retiraron indiscriminadamente personal con experiencia», afirma Miranda, quien advierte que los problemas persistirán mientras no se realicen cambios significativos en la gestión municipal.
La urbanización descontrolada y la falta de apoyo de los municipios vecinos también son preocupaciones que resalta María del Carmen Rocabado, secretaria Municipal de Planificación de La Paz. «Estamos avasallando, deforestando y quitando tierras de cultivo, lo que pone en riesgo la seguridad alimentaria de La Paz», alerta Rocabado.
En este contexto, Stephanie Weiss Müller, investigadora del estado ambiental de La Paz, enfatiza que la urbanización y la pérdida de áreas productivas están ahondando las desigualdades y poniendo en peligro la producción de alimentos seguros. «No estamos generando ningún tipo de incentivo para que la gente siga produciendo alimentos», concluye Weiss, subrayando la necesidad de una gestión más efectiva del riesgo metropolitano.





