La difusión de una noticia falsa sobre el estado de salud de la diputada Diana Romero, esposa del vicepresidente Edman Lara, provocó una ola de indignación pública. El conductor José “Pepe” Pomacusi anunció en su programa que la legisladora estaba “en terapia intensiva, luchando por su vida”, una afirmación que el informe hospitalario desmintió por completo.
El médico Víctor Carlos Huanca, responsable del caso, detalló que Romero ingresó el 27 de noviembre por un cuadro de cefalea, fue atendida en Emergencias y luego pasó a Cuidados Intermedios, sin ningún riesgo vital. “Nunca ingresó a Terapia Intensiva”, precisó, desmontando la versión que ya circulaba en medios nacionales.
La legisladora fue dada de alta la tarde del domingo, caminando por su propio pie y con los síntomas controlados. “El dolor de cabeza disminuyó sin complicaciones”, informó la clínica, una de las más costosas del país.
La falsa alerta generó reacciones inmediatas. “Ahora, al paracetamol se le dice terapia intensiva”, ironizó el académico Puka Reyes Villa ante la desinformación viralizada. Varios medios —engañados por la versión inicial— replicaron titulares alarmistas como “Romero pelea por su vida”.
Pomacusi incluso aseguró, sin citar fuentes médicas, que a Romero se le practicaría una cirugía craneal para extirpar un supuesto tumor, elevando aún más la alarma. Sin embargo, el reporte oficial no menciona ninguna intervención, diagnóstico de tumor ni riesgo crítico.
La controversia escaló cuando se reveló que el propio presidente Rodrigo Paz, creyendo la falsa versión, ordenó considerar un traslado médico a Estados Unidos con costos cubiertos por el Estado. Sin embargo, el vicepresidente Lara nunca agradeció el gesto y tampoco desmintió el contenido de la noticia falsa.
Por el contrario, Lara filmó a su esposa dormida y sedada en una sala común de la clínica, difundiendo un video en TikTok sin aclarar que no estaba en terapia intensiva. Críticos calificaron el acto como un uso político y cruel de la imagen de su esposa. “Lara ha pasado del nudismo mediático a la pornografía sentimental”, comentó el escritor Alex Aillón.
El episodio abre un debate urgente sobre la manipulación emocional en la política, la responsabilidad periodística y los límites éticos en la exposición de la salud de autoridades y familiares.




