A pocos días de las elecciones presidenciales del 28 de julio, la tensión crece en Venezuela. Según estimaciones de la oposición, aproximadamente 14 millones de venezolanos podrían acudir a las urnas. Las encuestas realizadas por el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Católica Andrés Bello (CEPyG-UCAB) y la encuestadora Delphos posicionan al candidato de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), Edmundo González Urrutia, con un 59% de intención de voto, superando ampliamente al actual presidente, Nicolás Maduro, que cuenta con un 24,6%.
La diferencia de votos proyectada por Delphos sería de 2 millones, con un 16,3% de votantes aún indecisos o apoyando a otros ocho candidatos con escasas probabilidades de éxito. La encuesta, realizada entre el 5 y el 11 de julio, incluyó a 1.200 personas, de las cuales el 40% se definió como opositor, el 30,6% como chavista y el 29,5% afirmó no pertenecer a ningún bando.
Benigno Alarcón, director del CEPyG, advirtió sobre dos posibles escenarios post-electorales: una «transición política» o un «conflicto por fraude electoral». Este último escenario preocupa a muchos, dado que el Consejo Nacional Electoral (CNE) es percibido como una extensión del chavismo, lo que pone en duda la imparcialidad del proceso.
El 33% de los encuestados manifestó estar «muy dispuesto a regresar a su centro electoral para participar como testigos en el conteo de votos». Esta participación es crucial para garantizar la transparencia de las elecciones, en un contexto donde la desconfianza hacia las instituciones electorales es alta.
El partido Vente Venezuela, liderado por la opositora María Corina Machado y principal apoyo de González, ha movilizado a miles de partidarios para actuar como observadores electorales. La preparación y vigilancia son esenciales, especialmente después de las declaraciones de Maduro a principios de año, donde aseguró que ganaría las elecciones «por las buenas o por las malas». Estas palabras han sido interpretadas tanto en Venezuela como en el ámbito internacional como una amenaza de recurrir al fraude en caso de derrota.
La situación en Venezuela no solo afecta al país sudamericano, sino que también tiene implicaciones geopolíticas más amplias. Con la democracia y la estabilidad en juego, el mundo observa de cerca los desarrollos en Caracas, esperando que el proceso electoral se lleve a cabo de manera justa y transparente.





