La última década en Cuba ha sido un torbellino de eventos que prometieron un cambio y dejaron desilusiones a su paso. Desde la apertura al diálogo con Estados Unidos hasta la pandemia y el éxodo masivo de la sociedad civil, la isla ha experimentado altibajos que han dejado a muchos preguntándose cuál será su destino.
El fallecimiento de Raúl Castro, actual jefe supremo del país a sus 91 años, marcará un punto de inflexión inevitable en el castrismo. A diferencia de la transición de Fidel a Raúl, no hay un sucesor claro para Raúl, lo que abrirá una lucha por el poder entre los civiles comunistas y los militares.
La élite militar controla la mayor parte de la economía cubana y buscará mantener su influencia, mientras que los civiles comunistas, una generación más joven, intentarán reformar el sistema sin cambiar su apariencia.
Este proceso podría llevar a una suerte de «Perestroika» cubana, pero la fragilidad estructural del sistema podría hacer que se desmorone parcial o completamente.
Se estima que este cambio podría ocurrir unos cinco años después de la muerte de Raúl Castro, aunque es difícil predecir un plazo exacto.
La sociedad civil en Cuba tiene la fuerza para impulsar cambios, pero la represión y el control totalitario del régimen son obstáculos significativos. La oposición y el exilio también tienen un impacto limitado dentro de la isla.
A medida que Cuba evoluciona, es probable que el capitalismo se afiance aún más en la isla, y las «conquistas de la revolución», como la salud y la educación, podrían desvanecerse en favor de un enfoque más centrado en el turismo y la economía de mercado. La gran incertidumbre radica en la dirección política que tomará este cambio y si finalmente conducirá a la democracia en Cuba.





