Hace 55 años, en 1968, Bolivia dio inicio a su carrera como exportador de gas natural con la firma de un contrato de compra-venta entre YPFB – Bolivian Gulf Oil Corp. y Gas del Estado de Argentina (GDE). Tras la nacionalización de los hidrocarburos en 1969 y las revisiones posteriores al contrato, el gas comenzó a fluir en 1972 con un volumen inicial de 4 millones de metros cúbicos diarios (MMmc/d). A lo largo de los años, se firmaron contratos adicionales y se establecieron nuevas condiciones.
Sin embargo, a medida que Argentina dejó de necesitar el gas boliviano, las exportaciones se redujeron a volúmenes mínimos entre 2000 y 2003. En abril de 2004, se suscribió un nuevo contrato temporal que posteriormente fue revisado y ampliado en 2005, aumentando el volumen máximo a 7,7 MMmc/d. Bolivia tuvo que buscar nuevos mercados para su gas existente y futuros volúmenes.
En paralelo, Bolivia inició negociaciones con Brasil para vender su gas. Después de una larga historia de negociaciones, se firmó el primer contrato de compra-venta entre YPFB y Petrobras en 1993. El gas debía llegar hasta Curitiba a través de un gasoducto. Petrobras adelantó más de $us 400 millones para impulsar la construcción del gasoducto.
Sin embargo, para vender gas a Brasil durante 20 años, Bolivia necesitaba aumentar sus reservas y atraer inversiones en exploración. Las inversiones y el descubrimiento de nuevos campos permitieron el crecimiento de la industria del gas en Bolivia. Sin embargo, a medida que los campos envejecen y no se hacen nuevos descubrimientos, la producción ha disminuido.
En mayo de 2022, YPFB dejó de enviar gas a Brasil y optó por venderlo a Argentina debido a mejores precios. El país ha tenido que administrar el poco gas que queda y buscar alternativas, como alquilar sus ductos para transportar gas desde Vaca Muerta en Argentina hacia Brasil.
Bolivia ha pasado de ser un importante proveedor de gas en Sudamérica a enfrentar el desafío de administrar sus recursos restantes. A pesar de haber aprovechado los mercados argentino y brasileño, ahora se encuentra en la posición de perder parte de ese mercado. El gasoducto binacional se ha convertido en un punto de mutua dependencia, pero la administración de los recursos y la búsqueda de nuevas inversiones se han vuelto cruciales.
En resumen, Bolivia ha tenido una historia compleja como exportador de gas, con altos y bajos. Ahora, enfrenta el desafío de administrar sus recursos restantes y encontrar soluciones para mantenerse relevante en el mercado regional del gas.





