En plena campaña electoral, Edman Lara, candidato a la vicepresidencia por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), volvió a generar controversia con promesas calificadas de demagógicas. Entre sus anuncios más llamativos se encuentra la propuesta de elevar la Renta Dignidad a Bs 2.000 mensuales para todos los adultos mayores sin jubilación.
“El día que seamos Gobierno, nosotros les vamos a dar una Renta Dignidad de Bs 2.000”, aseguró Lara en un reciente mensaje difundido en redes sociales, donde además prometió que quienes tengan una jubilación menor a Bs 3.000 recibirán un complemento de Bs 1.000.
El aspirante sostuvo que los recursos provendrían de la eliminación de la renta vitalicia para expresidentes, un beneficio establecido en la Ley 376. “Con eso basta y sobra para darle dignidad a la tercera edad”, enfatizó, apelando al rechazo ciudadano hacia los privilegios de exmandatarios.
Sin embargo, los cálculos no cuadran. En Bolivia más de 1,2 millones de personas reciben actualmente la Renta Dignidad de Bs 300 mensuales. El costo de elevarla a Bs 2.000 demandaría miles de millones de bolivianos al año, mientras que la supresión de la renta vitalicia de expresidentes apenas representaría poco más de Bs 2,6 millones anuales.
La diferencia entre lo prometido y lo posible deja en evidencia la falta de sustento económico en la propuesta. Expertos advierten que la medida es inviable con los fondos señalados por Lara. Un analista consultado sostuvo: “Esto es puro discurso electoral. No existe un plan financiero que respalde semejante incremento”.
Pese a las críticas, algunos sectores de jubilados y adultos mayores se mostraron esperanzados. “Aunque no sepamos de dónde saldrá el dinero, al menos alguien nos promete pensar en nosotros”, declaró un representante del sector, reflejando el impacto emocional de la propuesta.
La figura de Lara se ha consolidado en la segunda vuelta electoral junto a su binomio, Rodrigo Paz, en medio de denuncias internas dentro del PDC y críticas externas que lo acusan de buscar votos a través de ofertas imposibles.
Con discursos que apelan más al corazón que a la economía, Lara se posiciona como un político que recurre a la demagogia en lugar de presentar soluciones concretas, dejando en duda la credibilidad de sus propuestas.





