Ucrania asestó uno de los golpes más devastadores a la aviación militar rusa al atacar, el pasado 1 de junio, cuatro bases aéreas donde se resguarda su flota de bombarderos estratégicos. Comandos especiales lanzaron decenas de drones que destruyeron varios aparatos clave, incluidos modelos con capacidad nuclear. El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, calificó la operación como un «éxito histórico».
«Rusia sufrió pérdidas significativas, justificadas y completamente merecidas», declaró Zelensky, quien destacó que los resultados de la misión «terminarán en los libros de historia». Las bases atacadas fueron Belaya (Siberia), Olenya (cerca de Noruega), Dyagilevo e Ivánovo, en el centro del país.
Los blancos fueron los icónicos Tu-95, Tu-22M3, Tu-160 y un Beriev A-50, aviones clave en la estrategia de disuasión nuclear de Rusia. Imágenes satelitales y videos muestran cómo los aparatos explotaron uno tras otro en plena pista. El Servicio de Inteligencia de Ucrania (SBU) difundió las imágenes como prueba del éxito.
Zelensky aseguró que al menos 40 aeronaves fueron destruidas, lo que representa más de un tercio de la flota estratégica rusa. Aunque fuentes independientes, como la BBC, confirman al menos entre 11 y 12 aviones dañados, expertos coinciden en que el golpe limita seriamente la capacidad ofensiva del Kremlin.
El impacto es aún más grave si se considera que muchos de estos bombarderos datan de la era soviética y son «virtualmente irremplazables». “El Tu-95 no se ha producido en más de 30 años y los Tu-160 se fabrican a cuentagotas”, explicó Justin Bronk, del Royal United Services Institute. El Instituto para Estudios de la Guerra (ISW) calificó la pérdida como «un verdadero desastre para Moscú».
Entre los modelos dañados figura el Tu-160, conocido como «Cisne blanco», el avión de combate más grande y veloz del arsenal ruso. Solo existen 15 unidades operativas de este tipo. La pérdida de dos de ellos, según el analista Oleksandr Kovalenko, «equivale a perder dos unicornios de la aviación rusa».
Las consecuencias tácticas ya se sienten: Rusia deberá limitar el uso de sus bombarderos estratégicos, y podría recurrir a cazas Sukhoi de menor alcance, lo que obligaría a sobrevolar territorio ucraniano y exponerse a las defensas antiaéreas. “Esto tendrá un impacto significativo en la capacidad de lanzar ataques con misiles de crucero”, advirtió Bronk.
Más allá del daño militar, la operación dejó en evidencia graves fallas de seguridad dentro de Rusia. “Esto es un fracaso. ¿Cómo llegaron allí? ¿Quién permitió esto?”, cuestionó el diputado y exgeneral Andrei Gurulev. Para el analista Peter Dickinson, lo ocurrido “sugiere que Ucrania tiene más capacidades de las que el Kremlin imaginaba.” La guerra, con este ataque, podría haber entrado en una nueva fase.





