La Policía Boliviana activó este fin de semana una restructuración drástica que marca un antes y un después dentro de la institución. En menos de 24 horas, el comandante general Mirko Sokol emitió dos disposiciones que eliminan las prácticas más cuestionadas por la ciudadanía y reorganizan una de las áreas con más denuncias: Tránsito.
La primera instrucción llegó a través del Memorándum Circular N.º 081/2025, en el que Sokol ordena la prohibición absoluta de solicitar, aceptar o insinuar dinero, dádivas o favores, tanto a ciudadanos como entre los propios efectivos. “No habrá margen para la corrupción”, advierte el documento, que anuncia sanciones disciplinarias y penales inmediatas.
Horas después, un segundo memorándum sacudió aún más el panorama institucional: el cierre nacional e inmediato de todas las Divisiones de Comisaría de Tránsito. La orden instruye suspender actividades, realizar inventarios de equipos y vehículos, y que todo el personal se presente en Recursos Humanos para su reasignación.
Solo las Divisiones Departamentales de Comisarías de Tránsito continuarán operando mientras se habilitan nuevas oficinas de atención al público. La medida apunta a evitar la paralización de trámites, pero abre paso a una reconfiguración total del sistema de control vehicular.
Sokol, en sus comunicaciones internas, sostuvo que estas decisiones buscan “romper los patrones enquistados que corrompieron la relación entre la Policía y la población”. También afirmó que la lucha contra la corrupción será “frontal, sostenida y sin excepciones”.
La drástica reorganización generó reacciones inmediatas dentro de filas policiales. Algunos efectivos señalaron que el cierre de comisarías evidencia que “la institución llegó a un punto de quiebre”, mientras otros temen que la reasignación masiva afecte su estabilidad laboral y operativa.
Organizaciones ciudadanas, por su parte, valoraron el anuncio y exigieron que los controles no queden solo en papel. “Las denuncias de cobros en Tránsito fueron históricas; ahora toca demostrar que esta vez es en serio”, afirmó un dirigente vecinal.
Con estas medidas, Sokol envía una señal contundente: la Policía Boliviana entra a un proceso de depuración sin precedentes. “O recuperamos la confianza de la gente, o perdemos la institución”, habría expresado el comandante en reuniones internas, marcando el tono del nuevo rumbo.





