La ciudad de La Paz se volcó al Cementerio General para despedir al maestro David Santalla, ícono indiscutible del teatro y el humor boliviano. Entre aplausos, flores y lágrimas, familiares, colegas y seguidores acompañaron el cortejo fúnebre en un homenaje cargado de emoción y gratitud.
Desde tempranas horas, una multitud se congregó para rendir tributo al actor que durante décadas conquistó escenarios y hogares con personajes entrañables que retrataron la cotidianidad paceña. Su partida deja un vacío profundo en la escena cultural, donde fue referente de identidad, sátira social y creatividad popular.
Antes del sepelio, las palabras de despedida resonaron con fuerza. Su hijo, visiblemente conmovido, expresó: “En cualquier lado de la platea, estábamos ahí y él siempre estuvo para nosotros; y ahora vamos a estar para ti”. La frase fue respondida con un aplauso cerrado que estremeció el camposanto.
La esposa del artista, Sandra Saavedra, agradeció la presencia masiva y el cariño demostrado. “Gracias, paceñas; gracias, Bolivia; gracias a la comunidad de artistas. La familia son todos ustedes. Nuestro David está aquí, en La Paz, y vamos a visitarlo y a llenarlo de rosas”, dijo entre lágrimas.
Colegas del ámbito cultural coincidieron en que Santalla marcó una época en el teatro popular boliviano, combinando humor, crítica social y cercanía con el público. Investigadores culturales destacan que su trabajo contribuyó a consolidar un estilo escénico propio, profundamente ligado a la identidad urbana paceña.
Durante el homenaje, artistas recordaron que el maestro no solo hacía reír: también utilizaba el escenario como espejo de la sociedad. “Su comedia era inteligente, punzante y profundamente humana”, comentó uno de sus compañeros de tablas.
El Cementerio General se convirtió en un escenario simbólico donde aplausos y sollozos se mezclaron como en una última función. Muchos asistentes llevaron rosas rojas y fotografías, mientras coreaban frases emblemáticas de sus personajes más recordados.
Con su partida, Bolivia despide a uno de sus grandes referentes culturales, pero su legado seguirá vivo en cada obra, en cada personaje y en la memoria colectiva de un país que aprendió a reír —y a reflexionar— de su mano.





