Acaban de anunciar la «destitución» de la Miss Bolivia por su «experimento social» de viralizar un video en el que hace mofa de otras misses. 30 segundos de «mirá a ver esta, jajaja» le costaron la corona.
En las benditas redes todo es like y corazones. «¡Me gusta, amé la decisión. Ya era hora. Cárcel para esa racista croata. Pobre siliconada!». ETC.
Pero ayer, los mismos que festejan la decapitación de la reina de belleza, se rasgaban las vestiduras porque el canal naranja desvinculó a «La Piña», de casi 25 años de edad, de su programa para adolescentes «Bigote».
«¡Dónde queda la libertad de expresión, cambas malvados, son iguales a los masistas, machistas, pobre chica!»… ETC.
No está demás analizar el doble discurso desde la contaminación progresista que hoy nos ha salpicado por todo lado.
A Pasivic la lapidaron por «racista» y por «misógina». Poco más y le dicen machista heteropatriarcal. ¿Dónde quedó la «sororidad» femenina?
A «La Piña» la defienden solo por ser mujer y porque se expresó en una coyuntura regional y apuntó contra «la oligarquía camba». Desde la opinadora tuitera del MAS hasta el presentador estrella de BTV salieron a usar a Claudia como bandera contra los «racistas y violentos golpistas, machistas, patriarcales de Santa Cruz».
Si vas a defender la libertad de expresión, tienes que ser consecuente. «Hasta las últimas consecuencias» como diría cualquier vulgar sindicalista.
Si no te gusta un discursante y pides su ejecución sumaria porque te «ofendió», no eres más que un simple peón del progresismo globalista. Antepondrás siempre los «derechos» o las «cualidades» de clase, raza, género, en una visión supremacista de la realidad.
Elon Musk despide a 3 mil trabajadores de Twitter: «¡Oh, maligno magnate derechista que atenta al derecho al trabajo!»
Jeff Bezos despide 10 mil trabajadores de Amazon: Silencio en las teclas. «Nadies» dice nada de los «derechos laborales».
Sé consecuente con lo que profesas desde las teclas, no seas un progre más del montón. Como dice la frase atribuida a Voltaire: «Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo».



