Marcela Martínez, madre de la joven boliviana secuestrada Zarlet Martínez, sigue buscando respuestas tras más de una década de incertidumbre y dolor. Desde que su hija fue vista por última vez en 2011, Martínez ha enfrentado obstáculos que van desde la falta de colaboración de las autoridades hasta amenazas directas de grupos armados.
Un testigo ocular del secuestro declaró que vio a un hombre forzando a Zarlet a subir a una camioneta. «Pensé que era una discusión de pareja», comentó el vecino, quien sólo después se dio cuenta de la gravedad de lo ocurrido. Las investigaciones iniciales no lograron avanzar, y el registro de llamadas del teléfono de Zarlet apareció inexplicablemente vacío, lo que aumentó las sospechas de Martínez sobre una posible complicidad de las autoridades.
«El gobierno boliviano podría estar involucrado», afirmó Martínez, quien, desesperada por encontrar a su hija, contrató a investigadores privados. Sin embargo, la búsqueda se volvió una pesadilla de pistas falsas, extorsiones y promesas vacías. «Cada llamada amenazante que recibía no era para mí, sino para Zarlet», dijo Martínez, reflejando el clima de miedo que envolvía su lucha.
En un giro inesperado, un miembro de la Federación Trópico de Bolivia prometió información crucial a cambio de dinero, asegurando que Zarlet sería trasladada a Argentina. Sin embargo, esto resultó ser otra mentira. «Fue devastador; pensé que estaba más cerca de encontrarla», compartió Martínez. Este incidente no hizo más que intensificar su sospecha de que poderosos actores estaban jugando con su dolor.
La búsqueda de Zarlet llevó a Martínez a España, donde recibió información de que su hija estaba en manos de una red criminal internacional vinculada al Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) de Venezuela. «El captor me dijo que Zarlet ya no era su ‘propiedad’, sino del SEBIN», relató Martínez, quien luego recibió confirmación de que Zarlet estaba bajo la custodia del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia.
En un intento desesperado por reunirse con su hija, Martínez viajó a la frontera entre Venezuela y Colombia. «Me vendaron y me llevaron a un campamento en la selva. Pude verla, pero a 20 metros de distancia», recordó, describiendo el breve momento como una mezcla de alivio y angustia.
Martínez ha transformado su dolor en acción, fundando la Red de Alerta Temprana Zar, un esfuerzo para ayudar a otras familias en situaciones similares. «No puedo dejar de luchar, no solo por Zarlet, sino por todas las víctimas de la trata de personas», afirmó Martínez. Su incansable lucha ha captado la atención internacional, resaltando las complejas conexiones entre grupos armados y gobiernos en la región.
A pesar de los desafíos y la falta de respuestas claras, la determinación de Martínez sigue siendo inquebrantable. «Esta lucha es por Zarlet y por todas las víctimas de la explotación humana», concluyó, llamando a la comunidad internacional a tomar medidas contra los responsables.





