Bolivia cerró el 2024 con una inflación acumulada del 9,97%, según el último boletín del Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque se evitó el doble dígito inflacionario, la cifra es casi tres veces superior al 3,6% proyectado por el Gobierno en el Presupuesto General del Estado (PGE) para este período.
Este escenario genera preocupación, especialmente ante las presiones inflacionarias previstas para 2025, con sectores como los panificadores y transportistas anunciando posibles incrementos en los precios del pan y los pasajes. “La subida del pan a 0,70 centavos será inevitable si no se encuentra una solución a los costos”, afirmó un representante del sector panificador.
A pesar del difícil contexto, el presidente Luis Arce insiste en defender su modelo económico y asegura que garantizará la estabilidad. “No debe quedar la menor duda de que haremos todo lo necesario para proteger el bolsillo de los bolivianos y la estabilidad económica que hemos logrado”, declaró en un acto público.
Sin embargo, economistas y analistas cuestionan la viabilidad del modelo económico social comunitario, calificándolo de “agotado” en medio de una crisis marcada por la iliquidez de dólares, la caída de las exportaciones y remesas, y el alza en los precios de la canasta familiar.
“La inflación es solo un síntoma de un modelo que no responde a las nuevas realidades económicas del país”, señaló un experto en política económica. Pese a las críticas, Arce reiteró su compromiso de no cambiar el modelo, aunque planteó mejoras. “Vamos a adaptarlo y mejorarlo en función y beneficio del pueblo”, afirmó.
En medio de este panorama, la falta de dólares y combustibles agrava las tensiones en sectores clave de la economía. Según datos del sector privado, la inflación en alimentos básicos es una de las principales preocupaciones, afectando de manera directa a las familias bolivianas.
Para el 2025, los desafíos se perfilan aún mayores, con sindicatos y gremios presionando por ajustes que podrían generar nuevas alzas en los precios. Mientras tanto, el Gobierno mantiene su narrativa de estabilidad, aunque los números del INE reflejan una realidad diferente.
La incertidumbre sobre cómo Bolivia enfrentará este año económico se mantiene. “El país necesita medidas estructurales urgentes, más allá de discursos”, concluyó un analista, subrayando la importancia de reformas que permitan recuperar la confianza en el modelo económico.





