La recta final hacia las elecciones del 17 de agosto está marcada por una batalla invisible pero feroz: la guerra de la desinformación. Por primera vez, la ciudadanía boliviana enfrenta un desafío mayúsculo: separar la verdad de las mentiras elaboradas por inteligencias artificiales, fanpages anónimas y contenidos falsos diseñados para confundir, manipular y polarizar.
Una investigación de Bolivia Verifica reveló que dos páginas de Facebook, sin rostro ni responsabilidad periodística, pagaron más de Bs 200 mil a Meta para difundir noticias falsas, principalmente contra los candidatos Samuel Doria Medina y Jorge “Tuto” Quiroga. “Los administradores están en Cochabamba y casualmente lanzan contenidos a favor de Manfred Reyes Villa”, advirtió la plataforma verificadora.
Estas fanpages no son medios informativos serios ni registrados como tales. Son espacios virales con nombres como “Bolivia News” o “Alf-ondo está la gorda”, que se autodefinen absurdamente como “periodismo responsable y de investigación”. “La gente consume basura y le gusta el mal gusto. Es por el algoritmo”, lamentan expertos en comunicación digital.
La situación se agrava porque incluso medios tradicionales —televisoras, radios, periódicos— han comenzado a mimetizarse con estas plataformas, intercalando memes, gatitos y crónica roja con política y economía. “Espacio viral, le llaman. Pero es una competencia peligrosa que degrada la información”, comentan analistas del sector.
Los ejemplos de manipulación son escandalosos. Un video viral muestra al secretario de Seguridad de México supuestamente vinculando al senador Andrónico Rodríguez con narcotráfico. Pero el audio fue alterado y el clip editado con IA y voz impostada. Todo es falso. Otro caso involucra a Amalia Pando, acusada de “destapar un debate amañado”, cuando en realidad solo hubo un error de logística en la organización del evento.
La pregunta urgente es: ¿quién controla esta avalancha digital? Las plataformas verificadoras como Chequea Bolivia y Bolivia Verifica intentan contener el daño. “La desinformación ya no es un problema exclusivo del periodismo. Es un fenómeno viral que exige educación digital urgente”, señalan periodistas y académicos.
Frente a este escenario, la clave está en el discernimiento. “Es fundamental que la ciudadanía consuma información de medios verificados y periodistas con trayectoria, no de influencers que juegan a ser comunicadores”, dice un reportero con más de dos décadas en redacciones. El mensaje es claro: la democracia también se defiende desde el clic consciente.




