El capo de la CSUTCB amenazó con llevar una «segunda gran marcha» para «tomar las tierras de Santa Cruz», porque considera que «hay que dejarles tierras a sus hijos» (los hijos del dirigente y sus amigos, obvio) que viven en el altiplano en surcofundios y que no es posible que Camacho y Calvo «se hagan ricos con tanta tierra» para ellos solos.
(Seguramente esa noticia será tal recién este viernes en los medios grandes).
Resulta coincidente que este anuncio atrevido salga luego de los exaltados desvaríos del ejecutivo cobista.
Por otro lado, el masismo delincuente, en calidad de funcionarios y usando recursos públicos, ha incrementado su campaña de ataque y violencia contra los citados líderes cruceños. ¿Más coincidencia?
Atrás y en el olvido quedaron los «vende patrias neoliberales» de Tuto y Samuel. Ya no son útiles al discurso político del masismo. Esa narrativa se agotó.
La moda es escupir «golpista, golpista» a cualquiera que dé la cara contra estos socialistas y mejor si son cambas, porque allá es donde la resistencia real y simbólica pervive. Pero también, añado, está la prensa que es otro blanco de esta vendeta politiquera, y los colegas lo saben bien.
Estos zurdos abusivos, disfrazados siempre de «correctos, humildes y víctimas» (Huarachi, Moldiz, Lima, Evo, Patty, Choquehuanca, Dockweiler, Cox, Agl, etc.), nos están llevando a una espiral de violencia que no medirá consecuencias. Esta alianza comunista socialista y pachamamista sindical es un cáncer que ha hecho metástasis. No van a parar, porque saben que si su proyecto cae otra vez, será su final.
Temo que el país tendrá más días de tensión y violencia. Ya es imposible la «reconciliación». A esto nos ha llevado el masismo y por todo ello, yo lo llamo delincuente.
No son horas para jugar a ser tibio…
Escribe Iván Rada



