La crisis por la denominada “gasolina basura” dio un giro decisivo. A través de un comunicado oficial, YPFB reconoció una serie de factores técnicos y estructurales que habrían provocado el deterioro del combustible distribuido en el país, afectando vehículos y desatando una ola de críticas ciudadanas.
La estatal admitió que Bolivia depende actualmente de la importación para cubrir gran parte de su demanda de gasolina. Según el informe, el país produce apenas el 40% del combustible que consume, mientras el 60% restante llega desde Argentina y Paraguay, una situación muy distinta a la de 2014, cuando la producción interna cubría cerca del 80%.
La investigación técnica identificó cuatro causas principales que coincidieron simultáneamente y desencadenaron la crisis. La primera apunta a un vacío normativo: el Decreto Supremo 4718 regula la calidad de la gasolina en surtidores, pero no contempla controles específicos para la gasolina base importada que recorre hasta 1.800 kilómetros antes de su refinación y distribución.
El segundo problema detectado fue el estado crítico de los tanques de almacenamiento. Entre 2023 y 2025, debido a la escasez de divisas y dificultades de importación, muchos depósitos operaron casi vacíos. Esto provocó la acumulación de óxido, sedimentos y residuos conocidos como “gomas”, elementos que terminaron contaminando el combustible.
YPFB explicó además que, tras la reducción de la demanda y la eliminación parcial de subsidios a finales de 2025, los tanques comenzaron a llenarse nuevamente de manera repentina. Ese proceso removió los residuos acumulados durante años, afectando la calidad final del carburante. “Los depósitos acumulados fueron arrastrados al sistema”, señala el reporte técnico.
Otro de los factores más delicados fue la presencia de diolefinas, compuestos químicos inestables presentes en parte de la gasolina importada. Según el informe, al entrar en contacto con oxígeno estos elementos generan gomas que pueden dañar inyectores, filtros y motores. La estatal reconoció que la normativa boliviana no exigía el control de estas sustancias ni pruebas de estabilidad como el período de inducción de 360 minutos.
Especialistas en combustibles advierten que este tipo de compuestos pueden reducir el rendimiento y acelerar el deterioro mecánico de vehículos. “La estabilidad química del combustible es fundamental para evitar daños en motores modernos”, coinciden estudios técnicos internacionales sobre calidad de carburantes.
La admisión de YPFB ocurre en medio de una creciente presión social y política por los daños denunciados por transportistas y conductores. Mientras sectores exigen auditorías y responsabilidades, el caso expone una realidad más profunda: la creciente dependencia energética del país, la fragilidad del sistema de almacenamiento y las consecuencias de años de crisis económica sobre el abastecimiento de combustibles.





