Mientras Rusia se mantiene enfocada en la crisis en Ucrania, su ambición expansiva no se detiene y busca capitalizar los pocos aliados que le quedan tras la agresión a Kiev. Uno de estos aliados es Bolivia, donde la presencia e influencia de Moscú están en constante crecimiento. Esta semana, el gobierno de Luis Arce recibió los primeros componentes del reactor nuclear de investigación que se construye en el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología Nuclear de El Alto.
El reactor, que será el primero de su tipo en el mundo situado a 4,000 metros sobre el nivel del mar, simboliza una alianza estratégica entre Bolivia y Rusia. El presidente Arce enfatizó el significado de este hito: «Con el apoyo de Rusia, nuestro socio y país amigo, superaremos la brecha tecnológica y desarrollaremos, junto a profesionales bolivianos, tecnologías nucleares para medicina oncológica y para mejorar la producción de alimentos e industrialización».
Erlan Vásquez, especialista en ingeniería nuclear de la Agencia Boliviana de Energía Nuclear (ABEN), explicó que la nueva infraestructura tendrá una potencia térmica de 200 kilovatios y será de tipo piscina moderado y enfriado por agua ligera. Este componente, construido por la Corporación Estatal de Energía Nuclear Rosatom, marca un paso crucial en el proceso de construcción del centro nuclear de investigación, que se prevé completar para el año 2025.
En un informe presentado el pasado marzo, Lituania señaló que Rosatom, una de las figuras prominentes en el mercado global de energía nuclear, estaría intentando mantener su posición a través de la construcción y el mantenimiento de centrales nucleares en el extranjero, así como el suministro de productos de uranio. Sin embargo, las acusaciones de tecnología defectuosa arrojan sombras sobre esta influencia.
El reporte lituano subraya que estas presuntas irregularidades no solo afectan la confiabilidad de los suministros nucleares, sino que también tienen implicaciones en términos de seguridad y política internacional. El informe advierte que las tecnologías suministradas por Rosatom podrían estar comprometiendo la seguridad y la efectividad de las instalaciones nucleares en el extranjero.
El centro de investigación de El Alto ya alberga instalaciones como el Complejo Ciclotrón-Radiofarmacia, que produce radiofármacos para el diagnóstico del cáncer, y el Centro de Irradiación Multifuncional, que procesa alimentos para exportación.
Si bien estos proyectos nucleares buscan fortalecer la cooperación tecnológica y científica, no han escapado a la mirada crítica. Especialistas han advertido que el interés de Rusia en la construcción de la central nuclear en Bolivia podría estar relacionado con el acceso a recursos estratégicos como el uranio y el litio, este último vital para la fabricación de baterías de vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos.
En este sentido, la entrega del control del litio a China y Rusia también ha generado cuestionamientos. Bolivia ha entregado la explotación de yacimientos de litio en Uyuni y Pastos Grandes a estas dos potencias, lo que podría permitirles asegurar el acceso a un recurso crucial para la transición a energías más limpias y renovables.
Si bien estos proyectos pueden fortalecer los lazos tecnológicos y económicos entre Bolivia y sus aliados, no están exentos de desafíos y debates en torno a sus implicaciones estratégicas y económicas a largo plazo.





