El domingo 30 de julio, la policía boliviana tenía planeado detener al narcotraficante uruguayo Sebastián Marset mientras jugaba un partido de fútbol con su equipo Los Leones El Torno, de la segunda división. Sin embargo, los planes no se desarrollaron como esperaban, ya que el prófugo logró escapar en una arriesgada maniobra.
La inteligencia del país tenía información que indicaba que Marset estaría presente en el encuentro futbolístico, lo que ofrecía una oportunidad para capturarlo. Sin embargo, antes de la operación, los empleados de seguridad que trabajaban para el narcotraficante notaron la presencia de drones en las inmediaciones de la casa donde vivía, lo que los alertó sobre la posible acción policial.
Como respuesta, los cómplices del prófugo actuaron con rapidez y, un día antes del operativo planeado por las autoridades bolivianas, secuestraron a un policía para utilizarlo como rehén y presionar a las fuerzas de seguridad.
Según el ministro de Gobierno de Bolivia, Eduardo del Castillo, los grupos de inteligencia estaban realizando un seguimiento en la zona, preparando el plan de operaciones, cuando los cómplices de Marset procedieron al secuestro del efectivo policial. Afortunadamente, el policía fue liberado posteriormente, pero el incidente generó un desvío en los planes de captura del narcotraficante.
Durante el tiempo en el que el policía estuvo secuestrado, Marset aprovechó la oportunidad para huir junto a su pareja, Gianina García Troche, su hermana, Jimena Marset, y sus cuatro hijos menores de edad. La maniobra de escape se llevó a cabo en medio del caos generado por el secuestro y la presencia de drones vigilantes.
Este frustrado operativo representa un revés para las autoridades bolivianas, quienes buscaban capturar al prófugo y enfrentarlo a la justicia por sus actividades vinculadas al narcotráfico. La situación revela la complejidad y el riesgo asociado con la búsqueda y detención de personas involucradas en delitos graves como el tráfico de drogas.





