La muerte del ayatolá Alí Jamenei ha desatado una de las crisis más graves en Medio Oriente desde la invasión de Irak en 2003. El líder supremo de Irán falleció durante la ofensiva conjunta lanzada por Estados Unidos e Israel, bautizada como Operación Furia Épica, según confirmaron medios estatales iraníes en la madrugada del domingo. La región entró en estado de máxima tensión y el mundo observa con inquietud una escalada de consecuencias imprevisibles.
El presidente estadounidense Donald Trump advirtió que cualquier represalia será respondida con contundencia. “Irán acaba de declarar que van a golpear muy fuerte hoy, más fuerte que nunca. Sin embargo, es mejor que no lo hagan, porque si lo hacen, los golpearemos con una fuerza que nunca antes se había visto”, escribió en su red Truth Social. La amenaza marca un punto de inflexión: Washington ya no habla de contención, sino de supremacía militar abierta.
La televisión estatal iraní confirmó la muerte del clérigo de 86 años, líder del régimen desde 1989, en una transmisión cargada de dramatismo. La agencia Fars News Agency aseguró que murió “en su oficina en la casa del líder” mientras cumplía funciones oficiales. Irán decretó 40 días de duelo nacional y siete de cierre público, mientras la Guardia Revolucionaria prometió una operación “más feroz que cualquier otra en la historia” contra Israel y las bases estadounidenses en el Golfo.
Imágenes satelitales citadas por The New York Times —captadas por Airbus— mostraron edificios colapsados y columnas de humo negro en el distrito de Pasteur, en Teherán, donde se encontraba el complejo residencial y político del líder supremo. Las fotografías evidencian daños estructurales severos, lo que confirma la magnitud del bombardeo.
Las represalias no tardaron. El régimen iraní lanzó ataques en distintos puntos del Golfo, incluidos objetivos cercanos a Abu Dabi y bases militares regionales de Estados Unidos. En paralelo, el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM) desmintió que misiles balísticos iraníes hubieran alcanzado el portaaviones USS Abraham Lincoln. “Los misiles ni siquiera se acercaron. El Lincoln continúa lanzando aviones en apoyo de la campaña”, aseguró el mando militar en la red X.
Washington mantiene un despliegue militar sin precedentes recientes: el USS Abraham Lincoln opera en el Mar Arábigo, mientras el USS Gerald R. Ford, el mayor portaaviones del mundo, se encuentra en el Mediterráneo con destructores de apoyo. Analistas del Atlantic Council y del International Institute for Strategic Studies han advertido que una confrontación directa podría involucrar a múltiples actores regionales y alterar el equilibrio energético global.
La escalada ya tiene costo humano. El CENTCOM confirmó la muerte de tres militares estadounidenses y cinco heridos graves durante la operación. “Tres militares estadounidenses murieron en combate y cinco resultaron gravemente heridos en el marco de la Operación Furia Épica”, indicó el comunicado oficial, agregando que otros efectivos sufrieron lesiones leves. Es la primera vez que Washington reconoce bajas desde el inicio de la ofensiva.
Trump, lejos de moderar el tono, afirmó que la muerte de Jamenei representa “la mayor oportunidad” para que los iraníes tomen el control de su país. Mientras tanto, el régimen insiste en que responderá con toda su capacidad. La situación es volátil, el margen de error es mínimo y el riesgo de una guerra regional abierta es real. El tablero geopolítico ha cambiado en cuestión de horas y el mundo vuelve a mirar hacia Medio Oriente con la sensación de que la historia acaba de entrar en una nueva y peligrosa fase.





