Lo que comenzó como un anhelo en Bolivia hoy es una realidad productiva en el corazón del Alto Valle. En General Roca, Quintín Rojas trabaja 85 hectáreas de hortalizas que abastecen desde la cordillera hasta el sur profundo de la Patagonia, consolidando una chacra que produce los 12 meses del año.
Rojas llegó en 2010 tras una experiencia previa en Chubut. El clima adverso lo empujó a buscar mejores condiciones y encontró en Río Negro estabilidad, agua y cercanía a centros urbanos. “Allá el clima te juega en contra; acá es mejor, de acá no me voy más”, afirma convencido.
El emprendimiento combina campo abierto con ocho hectáreas bajo invernadero, lo que le permite sostener la producción incluso en invierno. Lechuga, tomate, morrón, repollo, berenjena, apio, papa y choclo forman parte de una rotación permanente. En su chacra no hay pausa: cuando termina un cultivo, empieza otro.
“Prácticamente no se deja descansar la tierra; son 20 días y volvemos a plantar”, explica el productor. Esa dinámica intensiva garantiza oferta constante y le permite mantener mercados activos durante todo el año, desde ventas directas hasta distribución regional.
El agua es el corazón del sistema. Con perforación propia, acequias y riego por goteo, optimiza cada litro en un contexto donde los costos suben sin tregua. “No desperdiciamos agua, con goteo y bombas manejamos todo con precisión”, detalla. La eficiencia hídrica es clave para sostener márgenes en un escenario de insumos dolarizados.
La mecanización también marca la diferencia. Tractores propios de hasta 130 HP reemplazan tareas manuales y reducen tiempos operativos. Rojas proyecta incorporar drones para monitoreo y aplicaciones selectivas. La horticultura tradicional se mezcla con tecnología de punta.
No todo es crecimiento sin obstáculos. Semillas y fertilizantes cotizan en dólares y golpean la rentabilidad. “No fue un año bueno, los insumos se fueron para arriba”, reconoce. Sin embargo, la diversificación de cultivos amortigua los impactos y mantiene el balance en terreno positivo.
La chacra es también una empresa familiar. Junto a su esposa e hijos, Rojas atiende al público, coordina cosechas y organiza envíos hacia Bariloche, Esquel, Comodoro Rivadavia y Trelew. De inmigrante con tierras alquiladas pasó a propietario de buena parte de sus lotes. “Primero alquilé, ahora ya pude comprar 32 hectáreas propias y 25 más en otro campo”, dice con orgullo. Su historia confirma que en el Alto Valle, la tierra todavía recompensa al que trabaja sin pausa.











