Jhonny Plata vuelve al ruedo electoral con una consigna clara: después de décadas de denuncia radial, ahora quiere gobernar. El exdiputado de Conciencia de Patria (CONDEPA) —el partido fundado por Carlos Palenque— intenta capitalizar su popularidad como conductor de “Proteste Ya” para conquistar la Alcaldía de La Paz en 2026 bajo la alianza Jallalla.
En los años 90, Plata fue diputado nacional en la etapa de mayor influencia de CONDEPA, representando a sectores populares y barrios de ladera. Ese pasado le da identidad política, pero también lo coloca en el centro de las críticas de quienes ven su candidatura como el retorno de las viejas estructuras partidarias.
Su principal fortaleza ha sido la radio. Durante más de 20 años, desde Radio Gente, construyó la imagen del “Compadre” que escucha reclamos vecinales y enfrenta a autoridades en vivo. “Si protesté 20 años, ahora me toca actuar”, repite en sus intervenciones públicas, marcando el eje de su campaña.
Sin embargo, su salto a la política municipal no se sostiene sobre una estructura nueva. La alianza Jallalla se ha convertido en refugio de exmilitantes y disidentes del MAS desplazados por pugnas internas. Entre los nombres visibles figura Javier Escalier, exconcejal del oficialismo y exautoridad en el área de Culturas durante el gobierno de Evo Morales.
El equipo territorial que respalda a Plata incluye dirigentes barriales que antes respondían a seccionales del MAS. Esa migración alimenta las críticas sobre un posible “reciclaje político”, en contraste con su discurso radial contra la vieja política.
En el ámbito periodístico, su carácter es motivo de división. Colegas lo describen como el “dueño del micrófono”, con un liderazgo vertical y escasa tolerancia a la crítica interna. Su estilo confrontacional le ganó audiencia, pero también distancias dentro del gremio.
El formato de “Proteste Ya” se basó en la denuncia directa y el choque público. Para sus seguidores, fue una tribuna ciudadana; para sus detractores, un espacio donde él actuaba como juez y parte. “No hago periodismo tibio, hago periodismo de trinchera”, ha defendido en más de una ocasión.
A ello se suma el desafío técnico. Especialistas en gestión pública advierten que un alcalde sin experiencia administrativa enfrenta una curva de aprendizaje lenta. “Los primeros años se van en entender cómo funciona la maquinaria estatal”, explica un exdirector municipal. En ese lapso, la ciudadanía suele impacientarse ante la falta de resultados concretos.
Otro riesgo es la llamada crisis de gabinete. Sin un equipo técnico sólido, la Máxima Autoridad Ejecutiva puede depender excesivamente de asesores con agendas propias. “Cuando el alcalde no domina la normativa, el poder real se desplaza hacia su entorno”, advierten analistas.
La ejecución presupuestaria también es un terreno minado. La incapacidad para licitar correctamente bajo el sistema SICOES puede derivar en proyectos paralizados y recursos devueltos al Estado. “Sin dominio técnico, no hay obras; y sin obras, no hay gestión”, resume un experto en contratación pública.
Hoy, su candidatura enfrenta una paradoja: cuenta con una base fiel de oyentes que lo ven como “alcalde del pueblo”, pero carga con el cuestionamiento de haberse rodeado de las mismas estructuras que critica. El dilema es claro: ¿puede el conductor radial con exfuncionarios cuestionados por corrupción transformarse en administradores eficientes?





